Problemas Paralelos: Las Tablas de Daimiel, L’ Albufera de València y el Mar Menor

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Salón de actos de la Sede de la Confederación Comarcal de Organizaciones Empresariales de Cartagena (COEC).

El pasado martes 12 de diciembre, GNature se desplazaba a la sede de la Confederación Comarcal de Organizaciones Empresariales de Cartagena (COEC) para asistir a unos seminarios sobre el Mar Menor. En el salón de actos nos encontrábamos casi una treintena de personas de diversos sectores con intereses comunes. La alarmante situación del Mar Menor copa los medios de comunicación tanto de la propia Región como del exterior. Así, se presentaba a los dos ponentes que esa tarde expondrían similares problemáticas y medidas que se han tomado en sus respectivos espacios para mejorar la situación. En esta entrada hacemos un resumen con los aspectos más importantes que se trataron esa misma tarde:

La experiencia en la gestión del Parque Nacional de Las Tablas de Daimiel

Por Carlos A. Ruiz de la Hermosa, Director Conservador del PN de las Tablas de Daimiel

Cartel

Cartelería del PN de la Tablas de Daimiel (Ciudad Real).

El Parque Nacional de la Tablas de Daimiel (PNTD) es considerado la última llanura de inundación funcional de un río en ecosistema mediterráneo a nivel mundial. Fue uno de los hechos que hicieron que se considerase un rincón singular de gran valor. Hasta el año 1956 el uso de las aguas subterráneas, la agricultura de la zona y los cauces de los ríos Gigüela y Guadiana, permitían que la llanura de inundación se mantuviese con sus correspondientes aportes hídricos, dando lugar a este ecosistema. A partir de éste año, y por dragados en el río Gigüela, se deseca. En los siguientes años se genera un movimiento social en la zona, liderado, cómo no podía ser de otra forma en esos años, por Félix Rodríguez de la Fuente, para conseguir revertir la situación y conseguir salvar este ecosistema de la desaparición. Fueron años de duros enfrentamientos, mucha movilización y una gran sensibilización para que el resto del país se hiciera eco de lo que estaba sucediendo en la cuenca alta del río Guadiana. Así, en 1973 este espacio recibe la protección exigida a través de su declaración como Parque Nacional de las Tablas de Daimiel.

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Vista general a ras de suelo del PN de la Tablas de Daimiel (Ciudad Real).

A priori, el problema estaba resuelto, pero nada más lejos de la realidad. Durante los años de la movilización social, los usos del suelo y una mala gestión hídrica del llamado Acuífero 23, dieron lugar a una importante disminución en el nivel freático que nutría Las Tablas. Pese a ser declarado Parque Nacional, este espacio húmedo dice basta, y se seca en 1986, con la consiguiente polémica sobre si debía seguir siendo o no un espacio. Esta situación se prolonga casi 20 años con irregularidades del flujo de agua que se aporta, pero la subsistencia del espacio se consigue. Es entonces, en el periodo de 2005-2009, cuando se produce otro hecho destacable para comprender la dificultad de la gestión del PNTD. En este lapso temporal no se aporta nada de agua a través de este “Plan de Regeneración Hídrica de las Tablas de Daimiel”, y ayudado por el periodo de sequía, la superficie del PNTD se seca, y la turba que conforma el sustrato sobre el que se asienta el espacio protegido comienza a agrietarse.

Incendio subterráneo

Incendio subterráneo (Foto extraída de © El Mundo).

El suelo de turberas se encuentra siempre sumergido, de ahí su formación, y con la falta de aguas que lo inunden, se llega a esta situación. Además de ello, las grietas en algunos casos llegan a penetrar hasta 5 metros, con lo que se produce una oxidación de la materia orgánica de las turberas y la temperatura en ellas llega hasta los 200 ºC. Es entonces cuando a través de esas grietas se produce un incendio subterráneo que va quemando poco a poco la materia orgánica que conforma el sustrato de turbera. Habría sido catastrófico que no se hubiese actuado frente a este suceso, ya que habría podido pasar del nivel subterráneo a la superficie, además de perpetuarse en el tiempo. Finalmente, se actuó inundando la superficie agrietada con diversas canalizaciones que fueron apagando poco a poco el incendio, acompañado por un ciclo húmedo que duró desde 2010 a 2013. Digamos que la naturaleza le daba otra oportunidad al Parque, y casi 30 años después, el río Guadiana vuelve a inundar su superficie.

A parte de esta problemática de la “cantidad de agua”, también cabe destacar la calidad de la misma. Las aguas no depuradas del sector agroalimentario y de las propias ciudades que rodean este espacio, llenan de sustancias tóxicas y nocivas el medio a pesar de la distancia, en especial en periodos de riadas. Esto, produce unos niveles de eutrofización muy importantes en las aguas, acompañados de problemáticas derivadas como anoxia o epidemias de botulismo.

“Es pues urgente, la necesidad de un tratamiento terciario de estas aguas agrícolas y urbanas, sobre todo en relación a sus compuestos de nitrógeno y fósforo. Las industrias agroalimentarias deben mejorar las instalaciones de la depuración de sus vertidos, y este hecho no debe tener excusa alguna con las subvenciones actuales de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha” afirma el propio director del Parque.

De modo que tras esta breve presentación de las problemáticas derivadas de la “calidad y cantidad de las aguas” del PNTD, ¿cómo ha evolucionado el Parque Nacional a todo esto? Existe un declive real y palpable del número total de individuos censados de la avifauna del ecosistema, comparando censos de finales del siglo XX y actuales. Este hecho conforma una cadena trófica más simple y menos estratificada que afecta a toda la comunidad de organismos del humedal. Por otro lado, la turbidez del agua ha ido aumentando, aunque en los últimos años y a través de diversas medidas que más a delante veremos, se ha podido revertir algo la situación. Este punto tiene mucho que ver con la materia orgánica disuelta en la columna de agua y que hace aumentar considerablemente los niveles de fitoplancon y bacterias, y con ellos, la biomasa total del espacio.

La aparición de especies exóticas invasoras procedentes de sueltas en aguas arriba o posibles llegadas a través del trasvase, ha sido otro de los puntos tratados en esta charla. Algunas de éstas, como la Carpa común (Cyprinus carpio) o el Carpín dorado (Carassius auratus), especies bentónicas, colaboran en esta turbidez al resuspender el sedimento situado en el fondo y ayudando a que esos nutrientes asciendan en la columna de agua. Además, impiden el enraizamiento de especies autóctonas (carófitos y otras especies vegetales) que hacen de filtradoras del medio acuático. Por si todo ello fuera poco, estas especies configuran una cadena trófica mucho más sencilla, que junto al resto de factores, empobrece la comunidad de organismos.

Y por último, también se resaltó, la práctica desaparición de las poblaciones de oligoquetos de las que se tenía constancia en este humedal. Estos organismos son empleados en ecosistemas acuáticos como excelentes bioindicadores del estado de calidad del agua, de modo que su extinción, se traduce en un sistema con malas condiciones.

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Paisaje del PN de la Tablas de Daimiel (Ciudad Real).

Como os comentábamos antes, para intentar paliar esta situación, el PNTD pone en marcha una serie de medidas. Una de ellas es la estrategia de adquisición de fincas colindantes para conseguir una mejor zona de amortiguación. Esta adquisición de terrenos, ha supuesto evitar la pérdida de unos 10 hectómetros cúbicos anuales de agua. Desde el año 2000 al 2015, se han comprado unas 2.000 hectáreas. De modo que en el año 2014 el Parque se amplió, y pasó de unas 1.900 hectáreas que tenía en su origen a más de 3.000, con lo que ya no era meramente un espacio de humedal, sino que contaba con ecosistemas terrestres. Algunas actuaciones se han llevado a cabo por parte de los ayuntamientos de algunos municipios cercanos conjuntamente con el PNTD. Por ejemplo, el Ayuntamiento de Daimiel vierte las aguas depuradas a una antigua laguna muy cercana a los límites del espacio, lo que antes se consideraba parte de la llanura de inundación. De modo que se amplió esa laguna originaria comprando parte de terreno agrícola para que existiera una mayor capacidad de embalse de esta superficie. Por otro lado, en Villarrubia de los Ojos, gran parte de las aguas residuales no llegaban a la depuradora debido a una rotura en el colector que conecta dichas canalizaciones subterráneas con la depuradora. El problema se solucionó con el arreglo de dicho colector por parte del Parque.

Además, para recuperar las comunidades vegetales se han desarrollado labores de reforestación y restauración con una gran respuesta de colonización. Esta respuesta no se limita a la flora, ya que especies de aves rapaces han visto favorecida así su llegada. En esta misma línea, y con las aves rapaces como principales beneficiadas, el Parque tiene todas sus líneas eléctricas soterradas, sobre unos 10 km, para evitar posibles accidentes o electrocuciones de la avifauna. Y por otro lado, en los últimos años se ha puesto en funcionamiento un proyecto de reintroducción de Cernícalo primilla (Falco naumanni)  a través de la técnica de hacking, en los edificios del PNTD.

Las actuaciones relacionadas con el control de especies exóticas invasoras van enfocadas tanto a la flora como a la fauna. Por un lado existe un pequeño control de la enea (Typha latifolia) y el carrizo (Phragmites australis), a través de maquinaria. Por otro, aprovechando la desecación de algunas superficies del Parque en épocas de sequía, se permite el acceso a determinadas zonas para reducir la cobertura vegetal y la biomasa del entorno que en muchas ocasiones y una vez la inundación de la zona se ha producido, sería imposible.

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Huella de Nutria europea (Lutra lutra) tomada durante el seguimiento de la especie.

Así, a través de los Fondos del Plan E, se llegaron a eliminar del Parque 18.000 toneladas de vegetación, que han permitido, por un lado, dejar un nicho para que nuevas especies puedan crecer en esas zonas; y por otro, recuperar algunos puntos de carófitos que se habían perdido. En cuanto a las especies de fauna consideradas como exóticas invasoras, destaca la comunidad ictiológica que prácticamente carece de especies autóctonas. La llegada de especies como la carpa común y el carpín dorado, comentadas ya, además de otras, ha supuesto la puesta en funcionamiento de un plan de actuación directo de extracción de individuos, con unos datos impresionantes que arrojan unas 42 toneladas medias anuales.

Como obra culmen para intentar mejorar la calidad de las aguas de este Parque Nacional, y con ellas, la calidad del ecosistema, se ha construido un Filtro verde. En el canal de desecación del río Gigüela se ha creado una superficie de unas 150 hectáreas que sirven de bypass para que las aguas que llegarían con un alto nivel de turbidez y contaminación al Parque, atraviesen dicho filtro. De esta manera, y por un ramal del propio río, el agua accede finalmente pero en un estado de claridad que incluso ha sobrepasado las expectativas de los propios técnicos. Se ha conseguido reducir en gran medida la turbidez con la que el agua llegaba, ya que en su paso por este filtro, las partículas en suspensión van sedimentando. Y por otro lado, se consigue reducir, aunque de forma mínima, el contenido en nitrógeno y fósforo del agua, al atravesar ésta una zona de carrizo (Phragmites australis) y enea (Typha latifolia), aunque se ha comentado su categoría de exótica invasora líneas atrás. Este filtro verde ha permitido recuperar una zona a su vez, de la antigua llanura de inundación, con lo que en cierto modo, se ha colaborado en la mejora de la comunidad de organismos.

Como vemos a través de esta charla, los asistentes pudimos conocer las posibles soluciones a pequeña escala que se han llevado a cabo para mejorar los niveles de eutrofización de las aguas que llegan a este espacio, un primer contacto con el control de especies exóticas invasoras (EEI) y por último, algunas medidas para la mejora del ecosistema.

El Mar Menor y L’ Albufera de València: dos lagunas litorales con vidas paralelas

Por Antonio Vizcaíno Matarredona, Jefe de la Oficina Técnica del Servicio Devesa-Albufera del Ayuntamiento de València

Garza real

Garza real (Ardea cinerea) cazando en los arrozales pertenecientes al PN de L’Albufera (València).

El ecosistema de L’ Albufera de València y del Mar Menor, comparten una serie de características que sirven para comprender mejor el paralelismo de las problemáticas que actualmente presentan ambos espacios.

Aunque L’ Albufera de València presentaba en su origen una mayor superficie que el Mar Menor, casi el doble, hoy en día ésta se ha reducido hasta las 3.000 hectáreas actuales. Cabe destacar que L’ Albufera tenía una comunicación mucho más extensa con el mar Mediterráneo que el Mar Menor, aunque actualmente las golas de conexión no permitan un intercambio como antaño. También encontramos otra de las coincidencias entre ambos medios, y es que en un origen, ambos eran lagunas con aguas salobres, con una mayor concentración salina en el Mar Menor. No obstante, en el siglo XVII se manda la construcción de la Acequia Real del Júcar. Este hecho produjo un efecto sobre la concentración salina de L’ Albufera de València, disminuyendo ésta y convirtiendo el agua salada en cada vez más dulce. Además,  comienza a transformar el entorno, ya que el control del caudal que se aportaba a la laguna afectaba a su profundidad, disminuyéndola. De modo que surgen las islas de L’ Albufera de València, como la Mansegoreta o los distintos marjales.

Al dulcificarse el lago, se comenzó a transformar muchas de sus hectáreas en un territorio de cultivo de arroz, con una superficie actual de unas 14.000 hectáreas, reduciendo así la superficie de la laguna. Aunque el cultivo del arroz proviene de la época árabe, éstos no cultivaban en un entorno inundable sin flujo de agua, tal y como se hace ahora, sabedores de la problemática que puede dar lugar. Es a posteriori, desde los siglos XVII hasta el XX, cuando la desecación de gran parte de la laguna da lugar a estos arrozales tan famosos de la capital del Túria. Esta transformación del ecosistema dio lugar a la llamada Albufera de los agricultores en pos de la Albufera de los pescadores.

Actualmente la gestión administrativa de L’ Albufera se lleva a cabo de forma dual entre la Diputación de València y el propio Ayuntamiento de la ciudad. En las últimas décadas, y al igual que en el Mar Menor, se han dado una serie de problemáticas en el territorio de lo que hoy es el Parque Natural de L’ Albufera de València:

Vistas_Albufera

Paisaje del PN de L’Albufera (València).

La presión turística es importante, pero al contrario que en el Mar Menor, es un turismo “de visita”, no “de estancia”, con más de 1.200 visitantes diarios. En esta línea entre las décadas de los 70′ y los 80′ se llevó a cabo la restauración de la zona sur de la Devesa de L’ Albufera, donde se comenzaban a construir urbanizaciones, autovías, campos de golf, etc… Se paró esa construcción y se empezó a potenciar un turismo de calidad, tanto de gastronomía local como del enclave natural. Además, existe un importante número de embarcaciones, tanto pesqueras como de ocio que surcan las aguas de L’ Albufera, una problemática que se está intentando remediar mediante la tramitación de licencias y control del número de embarcaciones.

Como en casi todos los ecosistemas acuáticos que se nutren de campos de cultivo, la eutrofización aparece como una de las principales problemáticas. Actualmente L’ Albufera de València tiene una concentración en microgramos de clorofila (medida para cuantificar el fitoplancton existente en la columna de agua) de aproximadamente 100. En comparación con los datos de hace un cuarto de siglo, la situación ha mejorado; sin embargo, desde el área técnica se considera que aún no se ha alcanzado el óptimo adecuado (con una densidad inferior a 50).  Aunque se considere un lago eutrófico, pero ya con unos niveles aceptables. El hecho de poder controlar el volumen de agua de L’ Albufera puede hacer reducir la lámina de agua para que la turbidez disminuya y la luz pueda llegar al fondo y que las formaciones de algas puedan crecer. Se ha visto que en los años en los que el nivel de agua es más bajo, se produce un aumento en la comunidad de vegetación subacuática.

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Paseo en barca por el lago del PN de L’Albufera (València).

Por otro lado la baja visibilidad de la lámina de agua impide que las especies depredadoras, tanto de ictiofauna como de la comunidad de invertebrados, puedan desempeñar en óptimas condiciones su técnica de caza, con lo que los depredadores van disminuyendo y se produce una proliferación de especies con una mayor capacidad de adaptación a estas condiciones y que reestructuran y empobrecen toda la red trófica del ecosistema. Además, y por si fuera poco, también se da un fenómeno de entrada de especies exóticas, que en muchos casos terminan por convertirse en exóticas invasoras. Estas especies colaboran en esa re-ordenación de la red trófica, disminuyendo su calidad y ayudando a la transformación del entorno.

Desde la gestión del PN de L’ Albufera de València, se han ido implementando una serie de medidas para mejorar la situación y que están comenzando a dar sus frutos:

Una de las principales actuaciones de urgencia para reducir la cantidad de nutrientes en la laguna era controlar lo máximo posible los vertidos que se estaban efectuando. Así,  se creó un plan con una serie de medidas. Una de estas fue la creación de un colector que evitara gran parte de los vertidos que hasta esa fecha se estaban dando, ya que unifica en una misma canalización una gran cantidad de aguas con exceso de nutrientes que pueden ser conducidas a su depuración. Además, se han construido una serie de filtros verdes, tres para ser exactos, de un modo similar al que veíamos con anterioridad en el PNTD. Estas construcciones están comenzando a calar en la población, incluso en los agricultores. Cuando un filtro verde funciona, se convierte en una zona de mayor riqueza de biodiversidad de aves, que quizás no encontramos en la propia laguna, y sirve como reclamo de una zona concreta del humedal. A la vez, estos filtros colaboran en una entrada de agua a la laguna de mejor calidad que poco a poco va mejorando la condición de la lámina de agua.

Para mejorar la contaminación lumínica, se trabajó en un proyecto que redujo la iluminación del PN L’ Albufera de València. Esto supuso el remplazo de los sistemas de iluminación convencionales para que el haz de luz no incidiese directamente al suelo con lo que se producía una reducción de la luz en el medio. Además de la sustitución, también se redujo el número de puntos de luz del medio, con la eliminación de aquellos que fue posible. Todo esto supuso una reducción en la contaminación lumínica que hizo mejorar el ecosistema al permitir la llegada de especies que hacía décadas que no se veían por L’ Albufera, como gran cantidad de insectos nocturnos, entre los que se encontraban las luciérnagas.

Otro de los puntos sobre los que el propio técnico ha hecho hincapié, ha sido el de ejecutar la normativa.

“De nada sirve aprobar leyes, si luego estas no se cumplen”, comentaba Antonio Vizcaíno en su charla.

En este sentido, se puso el ejemplo de denuncias de una única persona que han paralizado procesos dentro del espacio natural y que han hecho que la comunidad se conciencie de que poco a poco, existe un cambio también a nivel judicial con la tramitación de denuncias.

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Vistas desde el embarcadero del lago del PN de L’Albufera (València).

Un apartado muy importante que se destacó fue el de la llamada “Seducción Ambiental”.  Es importante mejorar la calidad del ecosistema para la comunidad de organismos que en ella viven, pero también es importante tratar con las personas que comparten el medio con esta comunidad.  Con esta población que vive en el entorno, hay que conseguir que se sienta orgullosa del lugar en el que vive, y que lo aprecie. Sintiéndolo suyo y sintiéndose orgulloso de vivir allí, colaborará en que las personas que vengan a visitarlo sean más respetuosas con el propio medio. Conscientes de las limitaciones que supone vivir en una  zona como L’ Albufera, pero también hacerles ver que tienen una serie de privilegios que hay que saber transmitir. Y no sólo se debe llegar a un sector de la población, sino a todos. Cazadores, agricultores, asociaciones ecologistas, vecinos, pescadores y un largo etcétera. Se debe llegar a un consenso con todos e intentar buscar soluciones globales. Los sectores deben entender que en un momento dado, se verán menos favorecidos, y otras veces más favorecidos, pero sobre todo, que en conjunto, las medidas adoptadas benefician el espacio natural protegido.

En cuanto al requerimiento hídrico del ecosistema, la gestora obliga a la existencia de un caudal ecológico, mediado por la Confederación Hidrográfica del Júcar. Además, conjuntamente con los agricultores, se ha llegado también a que respeten la avifauna. Esto es, que en las épocas del año en los que el cultivo del arroz esté medianamente paralizado, se proceda a una inundación de los campos y optimizar el ecosistema para la comunidad de aves. Y también con los agricultores se está consiguiendo que las aguas depuradas con alto contenido en nitrógeno y fósforo sean las que se utilicen para el regadío de los arrozales y que el agua en mejores condiciones de nutrientes, con menor concentración, sea la que a través de este canal del río Júcar, llegue a la laguna de L’ Albufera, colaborando en el proceso de reducción de los niveles de eutrofización. El uso de las aguas depuradas, también contribuye a una disminución del uso de tratamientos de fertilizantes.

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Avifauna del entorno del PN de L’Albufera (València).

Tal y como se ha expuesto en estas líneas, charlas de este tipo, para encontrar un símil entre las problemáticas del Mar Menor con otros ambientes pueden dar lugar a encontrar puntos comunes para solucionar determinados problemas. Esperemos que los esfuerzos de comités científicos, diferentes asociaciones, y un apoyo de la voluntad política sumen para revertir en la medida de lo posible la situación de este espacio singular que es el Mar Menor.

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